jueves, 9 de febrero de 2012

Inocencia.

Un día nos levantamos por la mañana, y nos sentimos completamente distintos. Nos damos cuenta de que en el cielo no hay más que nubes, en la Tierra; seres vivos, y el infierno...es sólo una metáfora de un lugar horrible al que iríamos si no nos comíamos toda la comida del plato o si nos poníamos algo traviesos. Sin que nadie nos pregunte, a veces sin quererlo, dejamos nuestra infancia atrás... Ya no te interesan los juguetes, ya no te entusiasma ver un cochecito envuelto por reyes, ya no te entretiene jugar a la tanga...Ahora te miras al espejo, y te preocupas por tu aspecto físico, te preocupa que el chico que te gusta no te mire...o si te mira, te inquieta lo que piense. Ya no dejas que tu madre te escoja la ropa, incluso os enfadáis por tonterías. Sales a la calle, y ya no quieres comprar chuches porque las mariposas en el estómago no te dejan comer si lo ves a él...Te enamoras, sientes que no hay nada más, haces locuras con ese chico...Empiezas a explorar tu cuerpo, el sexo. Algo que antes veías como un pecado, como algo malo, "la manzana que mordió Eva", ahora lo ves como algo placentero, demostrándole amor a tu pareja...No te preocupa el mañana, hasta que maduras. Te haces preguntas, te planteas tu vida como nunca antes lo habías hecho...y, dicen que dejas de ser niño cuando sabes que vas a morir...¿Dónde queda esa inocencia con la que nacimos?



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